LECTURAS LUNÁTICAS


© Foto: Helena Dimas



Preguntas de los alumnos de 1º de bachillerato del IES Sefarad a David Luna Lorenzo (escritor) en su presentación del libro El Ojo de Dios presentado por José del Río Fortich (Editorial Apache) el 21 de abril de 2017.
(Se nos han quedado preguntas por el camino, si algún alumno quiere que se incorporen por favor escribidnos a info@lamadrigueradepapel.com)

¿Qué tiene la Ciencia Ficción (CF) para que te enganche tanto? ¿Qué te llama la atención de ella? Adrián Utrilla Sánchez
Creo que la Ciencia Ficción y el género fantástico en su conjunto ofrecen infinitas posibilidades para contar lo que deseas. Puedes tratar cualquier idea, cualquier problemática, introduciendo la especulación. Incluso de forma encubierta. Nada me atrae tanto como lo subliminal y lo ilimitado.

¿Hay alguna obra literaria o película a la que le debas mucho por abrirte los ojos al género de CF o que te haya introducido en este? Jorge del Río Sánchez
Quedarme con una sola obra es prácticamente imposible. De pequeño me entusiasmó Star Wars, Superman, Depredador, Alien, Terminator o las novelas de Asimov. Y en el género fantástico, El señor de los anillos, los relatos de Conan o La historia interminable, además de los librojuegos de Games Workshop. El conjunto fue modelando mi imaginación.
Conforme maduras, las historias que más te llenan se hacen más y más complejas, como es el caso de Matrix o Blade Runner por poner dos ejemplos muy conocidos.

Si no te dedicases a la escritura ¿a qué te gustaría dedicarte? Eva Moraleda
Bueno, dedicarte a la literatura en exclusiva hoy en día es prácticamente imposible, de modo que ya me dedico a otra cosa: soy bibliotecario en la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha. Como ves, siempre intento estar vinculado a la literatura de una u otra forma. Sin duda, también me gustaría estar vinculado al mundo del cine.

¿Nunca has tenido miedo a ser rechazado a la hora de mandar tus obras? Juan Serrano López
No, de hecho, lo más normal es que tus obras empiecen siendo rechazadas. Lejos de desanimarte, eso debe funcionar como estímulo para continuar, para mejorar. Tener un objetivo, una meta, siempre nos impulsa. El problema, muchas veces, llega cuando alcanzamos ese objetivo que nos habíamos marcado y nos sentimos vacíos. Como se suele decir: “Cuidado con lo que deseas no vaya a ser que lo consigas”. La clave es disfrutar con el proceso sin tener como prioridad los resultados.

¿A qué recurres cuando te quedas en blanco, cuáles son tus “musas”? Lucía Martínez
Pues lo cierto es que hasta el momento no he sufrido ese problema. Siempre tengo alguna historia en la cabeza. Creo que la clave es vivir con la mente del escritor activada en todo momento. Las historias te rodean. No hay musa que se le compare a la atención constante.

¿De qué trataba el relato que enviaste a tu primer concurso? Víctor Bonilla Rodríguez
Trataba sobre la investigación de un caso paranormal que acontecía en una biblioteca: alguien o algo estaba asesinando a personajes literarios.
Mezclé el género negro, el humor y la fantasía. El relato terminó ganando el concurso.

Al escribir tus obras ¿te inspiras en otros libros, películas…? Pedro Jordán
La inspiración se encuentra en todas partes, incluidos los libros y las películas. Todo te ayuda a crear. Somos bayetas que absorbemos de aquí y de allí y después escurrimos una obra propia.

Has pensado en hacer guiones para películas o videojuegos? Pedro Jordán
Pues es algo que me encantaría, suena de lo más interesante, pero de momento me siento más atraído por lo literario, por la forma en conjunción con el fondo. No obstante, sí he hecho algún guión para cómic y no descarto hacerlo también para películas o videojuegos en el futuro o, al menos, intentarlo.

¿En qué momento crees que vas a dejar de escribir? Alejandro Rodríguez Guijarro
Cuando crea que ya no tengo nada más que decir, o bien cuando suponga más una tarea que una pasión.

¿Cómo ha cambiado tu libro cuando lo ibas escribiendo? Es decir, ¿has tenido que cambiar el argumento y los personajes mientras lo escribías? Si es así, ¿cómo ha cambiado “el cuerpo” mientras lo ibas escribiendo? Susu
Generalmente, en mi caso, a pesar de que sé adónde quiero llegar o qué quiero contar, a pesar de conocer de antemano el final, muchos hechos terminan variando, pues van enriqueciéndose según se desarrolla la historia. Otras veces, algunos personajes ganan fuerza en detrimento de otros. Lejos de asustarnos, hemos de comprender que esto es muy buena señal, pues indica que la narración y los personajes están adquiriendo vida propia y, mientras no se te vaya demasiado de las manos, lo mejor es prestar atención a ese nuevo desarrollo. En el caso específico de El Ojo de Dios, el cambio más significativo se produjo con el personaje de Xia, que en principio iba a tener menos relevancia y acabó convirtiéndose en el motor y eje de la historia.

Te has replanteado alguna vez dejar la Ciencia Ficción a causa de las críticas de su supuesta poco seriedad y dedicarte a algún género que agrade más? Susu
No es algo que me preocupe demasiado. Creo que debemos escribir aquello que nos motive y divierta, aquello que nos haga sentir más cómodos a la hora de plasmar nuestro mensaje. Además, en muchas ocasiones, esa opinión que comentas tan solo se basa en prejuicios. De hecho, mucha gente, tras leer El Ojo de Dios, me dice haber cambiado su parecer con respecto al género fantástico. Eso es todo una victoria.
Por otra parte, lo que a mí más me seduce es la fusión de géneros. Suelo mezclar la ciencia ficción en su aspecto especulativo con el negro, el fantástico o el terror. Si algún día cambio drásticamente de género será porque me lo pida el cuerpo, nunca por opiniones ajenas.

¿Se puede hacer una historia relatando fantasía y ciencia ficción como por ejemplo introduciendo dragones y elementos científicos que se puedan crear en un futuro? Sergio López
Absolutamente sí. Y además no solo te lo digo, sino que te lo demuestro: en mi última novela, Laberinto Tennen, se fusionan ambos géneros… ¡y aparecen dragones! Seguro que te gustará.

¿Cuál es tu metodología a la hora de escribir, primero decides sobre qué quieres escribir y después creas una historia en la que puedas incluir dicho tema? Albert Pizarro
El sistema varía, pero lo más habitual es que sea una idea o una imagen la que haga germinar una historia. Así por ejemplo, hace unos meses probé la realidad virtual por primera vez y me quedé impresionado. De inmediato, empecé a pensar qué ocurriría si acabásemos enganchados y diéramos la espalda a nuestra realidad. Esta idea básica, según pasaban los días, se fue desarrollando y haciendo más compleja hasta terminar concibiendo una historia que me permitiese hablar de la locura, de la fragilidad de lo real, de las dependencias y los engaños sociales. Aún no he terminado de escribirla. A ver en qué acaba.

¿Por qué debería leer algún libro tuyo? Anónimo
Si la pregunta contiene un matiz de obligación, te diría que no tienes por qué hacerlo. La lectura se basa en el disfrute, lo que conlleva voluntariedad y deseo.
Si la pregunta busca razones que te convenzan, te diría que en mis obras, de acuerdo a lo que me comentan los lectores, encontrarás historias muy visuales, adictivas, cargadas de acción y contenido profundo que invita a la reflexión. Y es que uno de los elementos que considero fundamental a la hora de escribir es integrar dobles lecturas: una que nos permita evadirnos y simplemente disfrutar, y otra más profunda que nos proponga mucho más. Que lo consiga o no, eso ya debe decidirlo cada cual.
Venga, ¿te atreves a sumergirte en otro mundo?



¡Hola a todos!
Ya estamos de vuelta con dos nuevas recomendaciones. Como sabéis, la primera de ellas se corresponde siempre con un clásico, con un imprescindible, y la segunda con una obra perteneciente a las últimas décadas. Ambas siempre vinculadas a la ciencia ficción y por supuesto de gran calidad y perspectiva.
¿Estamos preparados? ¡Pues allá vamos!

Primera recomendación del mes:

20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO
de Julio Verne.


Como recordaréis (y si no, ya os lo recuerdo yo), el mes pasado sugerí como lectura clásica la novela Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley por ser considerada como la génesis de la ciencia ficción. Entonces comenté que la ciencia ficción tenía una madre y no un padre. Sin embargo, para ser lo más riguroso posible debo decir que hay dos célebres autores considerados como padres fundadores del género. Me estoy refiriendo, por supuesto, a los incomparables Julio Verne y H.G. Wells. Digno de mencionar es que suelen aparecer a menudo citados juntos sin tener en cuenta que Verne nació 38 años antes que Wells y que las diferencias entre ambas literaturas son muy patentes: la del francés es por lo general alegre y repleta de aventuras, mientras que la de Wells contiene un mayor cariz crítico, moral e incluso político. Poco tienen que ver, en definitiva, un autor con el otro.
Pero centrándome en Verne (ya llegaremos a Wells), me gustaría contaros que nació en 1828 en Nantes (Francia) proveniente de familia burguesa, y que se trata de uno de los autores más traducidos de la historia. En lugar de dedicarse a la abogacía, como su padre, al bueno de Verne le dio por concebir narraciones con todo lujo de detalles, muchas de ellas situadas en lugares que nunca había visitado. Y es que la escrupulosa documentación tanto de carácter geográfico como científico fue una de las características principales de su literatura.
Verne, además, sirve de ejemplo para ilustrar una circunstancia habitual en la ciencia ficción: la asombrosa previsión de lo por venir. Adelantarse a los prodigios científicos del futuro no es, por supuesto, la finalidad del género, pero inevitablemente termina ocurriendo más veces de lo que podríamos suponer. En sus novelas, Verne habla de cohetes, helicópteros, transatlánticos, ascensores, motores eléctricos… ¡Resulta fascinante!
El grueso de la obra de Verne se encuentra enmarcado dentro de la colección conocida como «Viajes extraordinarios» (Voyages extraordinaires), un total de 60 libros de ficción científica, aunque hay que advertir que los ocho últimos, publicados tras su muerte, están escritos parcial o totalmente por su hijo Michel. Incluye títulos tan conocidos como Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, La vuelta al mundo en 80 días, Miguel Strogoff o la que nos ocupa: 20.000 leguas de viaje submarino. ¿Y por qué elegir esta última de entre todas? Varios son los motivos: Se trata de una de las más renombradas y adaptadas, cuenta con el personaje verniano sin duda más carismático (el capitán Nemo) y, además, ¿para qué nos vamos a engañar? Me encanta.
Ya conocéis el argumento: el biólogo marino Pierre Aronnax, su asistente Conseil y el arponero Ned Land participan en una expedición con el fin de dar caza a un monstruo marino que está atacando barcos. Tras un breve avistamiento naufragan y son rescatados y hechos prisioneros por el monstruo, que resulta ser un submarino, de nombre Nautilus, pilotado por un tal capitán Nemo («Nadie» en latín). Nada más voy a contar. Eso sí, mención especial merece la lucha contra el calamar gigante.
La novela es aventura y especulación científica en estado puro.
Verne, que lleva a los protagonistas hasta la bahía de Vigo, visitó en dos ocasiones la ciudad, donde se erigió una escultura para conmemorar el centenario de la muerte del autor. Y ahí ando yo (ver foto), de colegueo con el maestro.


20.000 leguas de viaje submarino se corresponde con el sexto de sus «Viajes extraordinarios», se publicó en 1869 y cuenta con una secuela editada cinco años después: La isla misteriosa.
Ha sido adaptada numerosas veces al cine. La primera versión, muda, data de 1916, pero la más famosa es la producida por Disney en 1954 con Kirk Douglas en el papel del arponero y James Mason en el de Nemo.


Y vamos con la segunda recomendación:

PÓRTICO
de Frederik Pohl.


Esta novela roza los límites de las obras que he mencionado como «de las últimas décadas», pues se publicó en 1977, pero he creído pertinente traerla en este momento para dar a conocer un aspecto de vital importancia en la literatura de la ciencia ficción como son los premios, pues suelen servir de referencia a gran parte de lectores. Aunque existen muchísimos, me centraré en los más prestigiosos. Estos galardones son:
Los Premios Hugo (en honor a Hugo Gernsback, del que hablaremos en futuras entregas). Se conceden desde 1953 a numerosas categorías entre las obras publicadas durante el año anterior; los Premios Nébula, concedidos por la Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia Ficción (SFWA), el John W. Campbell que se entrega al mejor autor novel y el Locus, que es otorgado por el prestigioso fanzine del mismo nombre.
En España tenemos los nuestros propios, por supuesto, y además con carácter internacional. Así, hablamos del Premio Ignotus, similar al Hugo, que premia desde 1991 a las mejores obras publicadas durante el año anterior y se otorga por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT); el novísimo Premio Kelvin 505, en el que un extenso y reconocido jurado premia durante el festival Celsius a las mejores novelas de ciencia ficción/fantasía/terror y géneros aledaños publicadas en castellano durante el año anterior; el Premio Domingo Santos, que convoca y otorga la organización de cada HispaCon al mejor relato en castellano del concurso realizado exprofeso; el Premio UPC de novela corta que convoca la Universidad Politécnica de Cataluña y que llegó a ser el más importante a nivel europeo o el Premio Alberto Magno de novela corta, que convoca la Universidad del País Vasco y es el más antiguo de nuestro país.
Mención aparte merecen otros de carácter comercial como el Premio Minotauro u otros que comienzan a instaurar con gran acierto páginas webs y blogs como los Premios Imperdibles o los Guillermo de Basquerville.
¿Y qué tiene que ver todo esto con Pórtico, la novela que hoy recomiendo?, os preguntaréis. Pues que se trata de la única en la historia que ha conseguido el Hugo, el Nébula, el John W. Campbell y el Locus. Y esto es algo a tener muy en cuenta.
La obra narra la historia de Robinette Broadhead, un humilde «minero de alimentos» que malvive en una Tierra superpoblada y empobrecida al que un día le toca la lotería y decide invertir el premio en un viaje a Pórtico, asteroide donde se han localizado los misteriosos e indescifrables restos de una civilización de extraterrestres a quienes se ha denominado como Heeches. Estos restos incluyen un conjunto de pequeñas naves para 1, 3 o 5 tripulantes con ignotos destinos programados que pueden conducir hasta tesoros alienígenas o bien hasta la peor de la muertes. La flota se convierte en una suerte de ruleta rusa. Robinette decide arriesgarlo todo y consigue volver de una pieza y con un cargamento que le hará rico. Sin embargo, un insufrible sentimiento de culpa le azotará duramente.
La novela nos cuenta lo acontecido en ese viaje que, a pesar del éxito, ha precipitado al protagonista hasta una horrible situación de pesar. Se narra tanto en pasado (la historia en sí) como en presente (la terapia de Rob con un psicólogo virtual que irá desvelándonos la razón de sus traumas).
Una historia sobre humanidad, sobre decisiones desesperadas y no tanto, cargada de misterio, asombro y especulación político-social. Pórtico es una novela muy original y difícilmente enmarcable en un solo subgénero (puede ser distopía por la sociedad indeseable y ficticia que muestra, como puede ser space opera, por lo que tiene de aventura espacial futurista). En cualquier caso, una gran novela de ciencia ficción con final explosivo de los que dejan huella.
Pórtico es también uno de esos extraños casos en los que una gran historia convertida ya en un clásico, con premios por doquier, con éxito a todos los niveles, no se ha trasladado al cine. Su autor, Frederick Pohl (escritor, editor, crítico y agente literario) añadió a Pórtico otras tres novelas, en mi opinión, muy inferiores. Sí destacaría sin embargo otras de sus obras como Homo Plus (en la que se trata el más que interesante transhumanismo) o Mercaderes del espacio (ácida sátira del capitalismo).
Y hasta aquí las recomendaciones del mes. Espero que las disfrutéis.
En abril, más. ¡Cuidaos!



Hola a todos.

Soy David Luna, si no me conocéis y queréis saber quién demonios se dirige a vosotros por medio de estas líneas, os recomiendo leer la biobibliografía de un servidor que aparece más abajo. ¿Ya? ¿Continuamos? ¡Estupendo! Pues bien, una vez presentado me gustaría contaros que con este articulito pretendo dar el pistoletazo de salida a un espacio de recomendaciones literarias de carácter mensual (si el tiempo, maldito tiempo, me lo permite) que he decidido titular: «Lecturas Lunáticas».

Las recomendaciones, debo advertir, girarán en torno a un género lamentablemente denostado en nuestro país, arrinconado como literatura menor: la ciencia ficción. Y lo cierto es que uno de los principales motivos de que haya aceptado este encargo no es otro que el de mostraros una ciencia ficción de altísima calidad, de modo que nos lleve a replantearnos nuestras posibles reticencias hacia el género. No os preocupéis, no pretendo lanzar arenga alguna, solo ofreceros algunas lecturas que a mí me entusiasmaron y que considero destinadas a cualquier lector que se precie de serlo.

Mi idea es traer dos obras cada vez. Una de corte clásico, imprescindible, muy probablemente conocida por todos, y otra más actual que nos brinde una visión de lo que se viene escribiendo en estos últimos años dentro de la también denominada literatura especulativa. 

¿Estamos preparados? Venga, agarraos fuerte que despegamos…

Primera recomendación del mes:

FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO
de Mary Shelley.

© Foto: Archive Photos / Getty Images

No podía empezar con otro título. Habría sido imperdonable, pues se trata de uno de los grandes clásicos de la literatura universal, una obra maestra convertida en icono popular que, para colmo, es considerada como la génesis de la ciencia ficción. Cierto es que existen obras anteriores enmarcables dentro del género, pero la de Shelley fue la novela que supuso un antes y un después. Sí, amigos, no hay un padre de la ciencia ficción, sino una madre. 

Aunque la obra se publicó en 1818, fue engendrada durante una noche de verano de 1816, un verano invernal debido a la erupción del volcán Tambora, en casa de Lord Byron, quien retó a los aquella noche presentes a escribir una historia de terror. A pesar de que Mary no completó la suya, el texto fue enriqueciéndose hasta dar forma, dos años más tarde, a la obra que todos conocemos, introduciendo elementos científicos que se basaban en experimentos de su época como el uso de la electricidad para devolver la vida a lo ya muerto.

Actualmente, Frankenstein se enmarca con claridad en uno de los numerosísimos (demasiados) subgéneros de la ciencia ficción que iremos conociendo a lo largo de las recomendaciones mensuales: el de la ciencia ficción de terror o, si queremos rizar el rizo, en el de la ciencia ficción de terror gótico, pues añade una ambientación vinculada a la estética romanticista. 

Poco hay que contar de su argumento que no sepamos: la novela narra la historia de un joven, de nombre Víctor Frankenstein, que decide dar vida a un cuerpo constituido a partir de la unión de partes de cadáveres. El fulano tiene éxito en la aparatosa empresa, pero termina rechazando a su criatura, la cual huye del laboratorio para ir a darse de bruces con un mundo que también le repudia. El odio y la sed de venganza inundarán al monstruo, lo que termina desencadenando el resto de acontecimientos que prefiero no revelar.

© Foto: Hulton Archive / Getty Images

Como el subtítulo indica, se inspira en el mito de Prometeo, el titán de la mitología griega que crea a los hombres modelándolos con barro y termina siendo castigado por los dioses. En la obra de Shelley, Víctor, el moderno Prometeo, es castigado, pero por su propia creación.

El tema de los nuevos Prometeos es recurrente en la ciencia ficción y a mí me parece de lo más sugestivo. De hecho, lo he tratado en algunas de mis obras, tales como Engendro o en la novela Laberinto Tennen (recordad el personaje de Gorg al que se le llega a denominar “Prometeo querido”).

Frankenstein muestra un desafío a lo natural a través de la evolución científica, a través de un uso irresponsable de lo tecnológico (algo también muy presente en mi novela de los tennen, donde la Nueva Inquisición llega a prohibir la utilización de la tecnología). La consecuencia será el irremediable nacimiento del mal.

La obra está narrada de forma epistolar, muy exitosa en la época, y aunque el recibimiento inicial de la crítica fue irregular, al público lector le gustó y terminó resultando un éxito.

Fue llevada al teatro ya en la década de 1820 y la primera versión cinematográfica, de 16 minutos a cargo de la Compañía Edison, está datada en 1910. La versión más conocida, la de la Universal con Boris Karloff interpretando al monstruo, ya es de 1931 y dio lugar a una monstruosa (evidentemente) franquicia.

Como colofón, me gustaría recordar que Frankenstein NO es el engendro, sino su creador. La criatura, con muchísimo acierto simbólico, carece de nombre. Si acaso, podríamos denominarle como “Monstruo de Frankenstein”.

Y vamos con la segunda (y última) de las recomendaciones del mes:

LA CARRETERA
de Cormac McCarthy.


Una obra ya del siglo XXI. Del año 2006 para ser exactos. 
La he traído como ejemplo de lo que sucede de cuando en cuando en la ciencia ficción: que un escritor generalista, considerado de primerísimo nivel, haga incursión en el género y triunfe con esa obra. En este caso, La carretera obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Pulitzer de 2007, ahí es nada.

Cormac MacCarthy es uno de los grandes novelistas norteamericanos de su tiempo, con una literatura muy personal, cruda, precisa e irónica, y está claramente emparentado con Pynchon, Roth, Faulkner o el estupendo Jim Thompson. ¡Menudo grupito!

Cormac es muy conocido por la denominada Trilogía de la Frontera (Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades de la llanura), por la novela llevada con un éxito arrollador al cine No es país para viejos y por esta que nos ocupa: La carretera.

La obra se considera de ciencia ficción por lo que tiene de especulativo y a su vez se enmarca dentro del subgénero denominado «post-apocalíptico».

Narra la odisea emprendida por un hombre y su hijo en un mundo gris destruido años atrás por un cataclismo desconocido. La pareja, que huye del frío, se desplaza siguiendo el curso de una carretera. En su camino, se encontrarán con algunos de los escasos supervivientes convertidos, fruto del hambre, en caníbales.  

La novela muestra distintas maneras de reaccionar a una misma situación extrema y conduce a reflexionar sobre la naturaleza humana a través de una historia cruda y áspera. Incluso los protagonistas carecen de nombre: son denominados como «el hombre» y «el chico». La relación entre ambos será interesantísima, pues el niño vive obsesionado por no convertirse en uno de «los malos» y le sirve al padre para no caer en los brazos de la locura. El hijo se convierte en su maestro.

Mención aparte merece el final, en mi opinión, de una ambigüedad exquisita.

La obra refleja un claro sentimiento de desesperanza y vacío, temas que, de nuevo, me cautivan. De hecho, aparecen en otras de mis novelas como El Ojo de Dios o Éxodo.

El estilo de La carretera, como no puede ser de otra forma, es sobrio, sencillo y complejo a su vez. Va directo al mentón y utiliza rápidos diálogos (por cierto, sin el uso habitual de la raya).

La carretera fue trasladada al cine en el 2009 con un gran elenco: Viggo Mortensen en el papel de «el hombre» y apariciones de Charlize Theron, Robert Duvall o Guy Pearce. Creo que se trata de una muy buena adaptación que refleja perfectamente la opresión del texto. 

¿Estáis dispuestos a que os remuevan por dentro? ¡Pues adelante! Ya me contaréis.
Y con esto termino. Espero que sigáis las lecturas lunáticas del mes que viene. 

¡Paz y prosperidad!


 
BIOBIBLIOGRAFÍA

David Luna Lorenzo nació en Toledo en 1976 y es escritor de ciencia ficción, fantasía, terror y rarezas varias. Empezó a escribir con regularidad a mediados de 2013 y desde entonces no ha dejado de recibir premios y reconocimientos literarios por toda la geografía española (Madrid, Barcelona, Écija, Linares, Valencia, Toledo, Cáceres, Manzanares El Real, Zafra, Bilbao…).

Ha sido uno de los grandes protagonistas de la literatura de género en España en 2016 al ganar el Premio UPC de Ciencia Ficción, otorgado por la Universidad Politécnica de Cataluña, con la novela Éxodo (o cómo salvar a la reina) y el Premio Domingo Santos en la Convención Europea de Ciencia Ficción con el relato La fiebre, convirtiéndose en el primer escritor que gana ambos galardones el mismo año.

Ha publicado dos novelas: Laberinto Tennen (El Transbordador, 2016) y El Ojo de Dios (Apache Libros, 2016), esta última finalista del prestigioso Premio Alberto Magno y ganadora del Premio Imperdible 2017 a Mejor libro fantástico en castellano del año.

Algunos de sus relatos se encuentran en antologías como Sucesos extraños (Apache Libros, 2016), El abismo mecánico (Cápside, 2015) o Inframundo (Entre Libros, 2015).

A lo largo de este 2017 verán la luz la novela Éxodo (o cómo salvar a la reina) con la editorial Apache Libros y el relato La fiebre en la revista Delirio (Premio Ignotus a la mejor revista de género del año).

Puedes visitar la página web del autor: davidlunalorenzo.wordpress.com
O bien su Facebook: www.facebook.com/david.lunalorenzo

No hay comentarios :